• David Meneses

¡Lo que se ve no se pregunta!


(…) Este es un lugar de ambiente donde todo es diferente Donde siempre alegremente bailarás toda la noche ahí (…)[1]

Amigxs de QPerra, esta semana recordamos un año del fallecimiento de Alberto Aguilera “Juan Gabriel”, les traemos a ustedes una pequeña reflexión sobre el papel histórico de Juan Gabriel en la historia[2] de la disidencia sexual en nuestro país.

Alberto Aguilera Valadez nació el 7 de Enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán; pero, Juan Gabriel – la leyenda – nació en 1971 con la producción discográfica “El alama joven”; es a partir de este momento que comenzó a escribirse la historia – no solo de uno de los intérpretes más importantes de Hispanoamérica – sino también de un disidente sexual, de un hombre que a través de su música rompió las puertas del closet, comenzó la historia de un hombre que mediante sus interpretaciones musicales cargadas de color y el brillo de las lentejuelas en sus atuendos, acertó uno de los golpes más grandes al machismo mexicano:

Logro instaurarse en el imaginario colectivo de la música popular mexicana reservada hasta ese momento para los “machos”, este personaje de movimientos amanerados y accionar femenino se convirtió en “El Divo de Juárez”, ídolo de multitudes.

Romper de esta manera el machismo de la música popular mexicana puede ser considerada una tarea titánica, una acción digna de un “hombre” entre los “hombres”, ya que el denominado “hijo bastardo de la revolución” – el machismo – está implantado dentro de nuestra identidad nacional.

Nacido el machismo nacional, tras la faceta del hombre rudo y fuerte que dejó tras de sí el movimiento armado que costó innumerables vidas, "el hombre nacional adopta dicha psicología que refrenda la misoginia a manera de superioridad, la jactancia, el afán autodestructivo que es en las clases populares el odio a la resignación de la pobreza"[3].

Dicha faceta –adoptada tras el movimiento armado, a la cual podemos denominar el segundo movimiento identitario nacional– fue realzada y establecida en las artes mediante el movimiento muralista, y secundada por innumerables películas y canciones.

Ejemplos de dicha implantación en la cultura popular sobran, entre ellos tenemos:

(...)Que digan que estoy dormido y que me traigan aquí México Lindo y Querido si muero lejos de ti Que me entierren en la sierra al pie de los magueyales y que me cubra esta tierra que es cuna de hombres cabales(...)[4]

La melodía México lindo y querido escrita por “Chucho” Monge y popularizada por la figura del “charro de oro” –Jorge Negrete– es una muestra clara de esta identidad nacional que nació después de la Revolución Mexicana y mediante las artes fue implantada como parte de nuestra identidad.

Dicho patrón se repite en Pedro Infante, Pedro Armendáriz, Antonio Aguilar, José Alfredo Jiménez, entre otros ídolos nacionales. Al mismo tiempo –y al margen–surge, también, la figura de una mujer abnegada –en especial la madre abnegada y doliente, tan bien interpretada por Sarita García.

Este machismo y heteronormatividad impuesto dentro de la cultura musical de nuestro país es destrozada con la irrupción de “El Divo de Juárez”.

Si “aquel”, “el macho” tiene a su Aventurero: “Abusadas mamacitas que ya llegó su aventurero... /Yo soy el aventurero, El mundo me importa poco. Cuando una mujer me gusta, Me gusta a pesar de todo.” Juan Gabriel nos propone el amor de “los otros”, mediante su “Amor aventurero”:

Amores que van y vienen Amores de vez en cuando Me gustan porque no tengo Ningún compromiso ya no Contento porque al ratito Con otro andaré paseando Yo no me enamoro nunca de amores aventureros El día que tres se me juntan Me voy con quien veo primero Yo les digo que me gustan Pero nunca que los quiero (…)

No contento aún con la afrenta, Juan Gabriel tuvo el atrevimiento de cantar “su amor” acompañado de mariachi, uno de los símbolos de la hombría nacional. Así, “El Divo de Juárez” no solo exponía un amor diferente, sino lo reivindicaba, todo ello bajo el aplauso de una sociedad acostumbrada a enarbolar “las buenas costumbres”.

Las aventuras de “Juanga” no terminan ahí, sus repertorio de canciones tiene un guiño muy marcado hacia “los otros” o, a caso, ¿a ustedes no les llega lo colorido de sus letras?. Quizá para aquellos que buscamos en “un lugar de ambiente” un “amor aventurero” que a la larga “no vale la pena” debamos comenzar a buscar en el “Divo de Juárez” a un nuevo transgresor, que a su manera – al igual que Carlos Monsiváis – viviendo en un closet de cristal ayudaron a la reivindicación de las disidencias sexogenéricas.

Quizá de Alberto Aguilera Valadez poco sepamos, pocos lo recordemos, quizá nunca lo reconozcamos pero, sin embargo, Juan Gabriel es hoy una leyenda que mediante su música, su “naques” de lentejuelas y sus letras para el “populacho” abrazo muy fuerte a la diversidad musical.

[1] Aguilera Valadez, Alberto. “El Noa Noa” (fragmento). 1980.

[2] Debemos señalar que esta es una “pequeña” reflexión sobre el tema, ya que para hablar del papel – hasta cierto punto oculto – de “Juanga” dentro de la disidencia sexual en nuestro país existen obras completas y extensas de las cuales les recomendamos “Lo que se ve no se pregunta” de Braulio Peralta y el Trabajo de Antonio Marquet respecto a Juan Gabriel.

[3] Monsiváis, Carlos. Que se abra esa puerta. Crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual. Paidós-Debate Feminista. México. 2010. P.56.

[4] Monge, “Chuco”. “México lindo y querido” (fragmento). 1945.

#juangabriel #divodejuarez #tradición

23 vistas
Nosotros

Somos un grupo de jóvenes pertenecientes a la diversidad sexual en México interesados en difundir las noticias, bufe y perreo que nuestra comunidad provee a todo el mundo.

Contacto

E-mail:

webqueperra@gmail.com

 

Whatsapp:

+52 55 3997 6018

Redes Sociales
  • Facebook Clean Grey
  • Instagram Clean Grey
  • Twitter Clean Grey
  • YouTube Clean Grey
Logo Que Perra Web

© 2017 ¡Qué Perra! Creado por y para la comunidad de Diversidad Sexual en México