• Zaid Aramiz

Veintidiez - La tercera es la Vencida


Cuando vives en una ciudad tan grande, como la CDMX, puedes decir que en realidad tienes todo a tu alcance, y cuando hablo de todo me refiero a casi todo, puedes tener desayunos a la una de la tarde, un Uber que te lleve a donde quieras a las 4 de la mañana y una cantidad enorme de tipos dispuestos a salir contigo, pero es al parecer como la ley de Murphy, buscas algo que tal vez no encuentras, conforme te acercas a cierta edad te das cuenta que los tipos a tu alrededor no son realmente lo que esperabas, o tal vez lo sean pero te has vuelto más selectivo, en eso me encontraba yo, debo de decir que, si bien nunca me he considerado realmente guapo, soy bastante atractivo, por tanto siempre he buscado salir con gente me parezca bastante atractiva o que al menos hagamos una linda pareja, porque en algún momento salí con niños menos atractivos y, cuando coincidía con amigos o conocidos, siempre llegaba la pregunta incomoda: ¿Qué ves en él?, y no es que realmente me importe lo que los demás tengan que decir en relación a mis gustos, pero a veces me encontraba a mí mismo preguntándome ¿Qué le veo? Así pues, desarrolle realmente filtros para los tipos que mostraban algún interés en mí.

Y como dije antes, solo fue un rasgo que se reafirmó con los años, aunque tristemente con los años te vas dando cuenta que conforme aumentan tus años de vida se disminuye el número de tipos que se interesan en ti, es completamente normal e igual no significa que debas correr y casarte con el primero que te lo proponga, en mi crisis de los 25 (...y de los 27... y de los 29...) lo aprendí y de una muy mala manera.

A los 25 era super estúpido, como iba yo a saber que realmente necesitaba conocer más gente para decidir en qué momento, y si quería casarme, pero era una idea muy bonita, realmente bonita (y cursi), casarme, vivir feliz con aquel que creía el amor de mi vida, o al menos eso pensaba en aquella inocente y estúpida edad de los 25, yo pensaba que solo bastaba con tener un bello anillo de diamantes y una casa donde vivir, pensaba que eso era lo que hacía un matrimonio perfecto y feliz, porque, siendo honestos era tan corta mi vista que no veía más allá.

Mi fiesta de compromiso se juntó con la fiesta de mi cumpleaños veinticinco, entre sus amigos y mis amigos aprovechamos para anunciar nuestro compromiso, si bien llevábamos poco tiempo saliendo, todos lo tomaron con bastante gusto. Un amigo cercano, muy cercano, esa misma noche me aseguro que aquello no podía ser enserio, ya que yo era lindo y mi prometido no lo era, pero de cualquier manera apoyaba mi decisión, debí haber supuesto aquello como una llamada de atención, básicamente ese amigo se acaba de convertir en Alaska Thunderfuck y no estaba diciendo: 'Hiiiiiiiiiiiiiiiiiiie!', más bien susurraba en mi oído: 'your engagement is terrible... but i love you anyway...', al final después de una serie de problemas, provocados por celos posesivos, falta de sexo y un sinfín de discusiones, me di cuenta que no solo basta un precioso anillo de compromiso para tener un matrimonio maravilloso, me gustaría decir que con el tiempo aprendería (o entendería) que es lo que conlleva un matrimonio, pero en realidad aun no me caso, lo cual quiere decir que a lo mejor no lo he comprendido del todo, resumiendo la historia del primer compromiso, nos separamos, le devolví el anillo, regalamos nuestro adelanto del jardín a una pareja dispuesta a casarse el día que elegimos y pues continuamos con nuestras vidas. De vez en vez nos saludamos, pero realmente a ninguno le interesa mucho saber del otro. Después de pasar tiempo en terapia, aprendí muchas cosas y realmente me creía capaz de seguir a delante.

A los 27 sentía que ya había superado esa etapa de mi vida y que era el momento de intentarlo de nuevo, entonces llego el prometido número dos, en esta ocasión aprendiendo un poco del pasado y sabiendo que el anillo y la casa no era el punto de partida me dedique más a ser protector, cariñoso y devoto a mi novio, preparándole de comer lo que le gusta, viendo las películas que le gustaban, empatizando con toda su familia, jamás quejándome de poner mis necesidades antes de las suyas, porque al final creemos que el matrimonio es en gran parte eso, sacrificios. Al final, tras enterarme que tenía múltiples cuentas en las múltiples aplicaciones de ligue gay, decidí que era momento de dejar de lado sus necesidades y empezar a pensar en las mías, entonces me quite el mandil, apague el horno y me fui de su vida, sin antes salir golpeado por una serie de insultos de su parte y asegurarme que su familia era mil veces mejor que la mía, y que nunca encontraría nadie como él. Supe en ese momento que él necesitaba tomar clases para canalizar su ira y que yo necesitaba manejar mejor mis prioridades, practicante por él había descuidado mi trabajo, mi familia y mis amistades. Entonces entendí que no todo en el matrimonio es sacrificio, es algo que se construye juntos, uno no solo puede dar y dar, debe haber sacrificios de ambas partes.

A los 29 decidí que tal vez era momento de volver a poner en marcha la idea del matrimonio de nuevo, pensaba que la tercera era la vencida, en realidad a estas alturas estaba cierto que no era una cuestión de azar, que más bien era una cuestión de construir algo, y así llego el intento de prometido número tres, en aquellos días gozaba de muchas cosas, libertad, seguridad, aprendí a estar conmigo y ser feliz yo solo, por tanto un hombre independiente me vendría bien, después de un intenso análisis de los chicos que me pretendían me decidí por uno, porque me parecía que era el indicado, entendía mi libertad y me dejaba ser, y estaba muy dispuesto a compartir momentos y no a crear una codependencia, parecía ser que nos completábamos. Tristemente descubrí que realmente no estábamos mirando la misma página, a lo pocos meses decidió que dejo de ser importante el tiempo que llevábamos juntos, es decir, dejo de darle importancia a ciertas fechas y pase a ser parte de sus prioridades de baja importancia, supuse que estaba bien, en realidad al menos era parte de las prioridades, después enfermo, estuve con él durante el difícil proceso de una enfermedad, su páncreas dejo de funcionar adecuadamente, y ahí fue cuando realmente comenzó a ser él, con sus caprichos de pequeño niño consentido, sumado a que el noventa por ciento de las conversaciones que llegábamos a tener sobre nuestro futuro, terminaban con un '… pues está bien, pero no creo, porque sabes que no soy de clase de personas que se casan...' No había nada más desalentador, después de más de tres meses sin relaciones sexuales, un año de relación, y sumándole de que él lo olvidara, decidí que era momento de dejarlo por la paz, la obviedad de que no íbamos por la misma ruta fue lo que me aseguro que debí continuar mi camino y eso sin mencionar el primer tatuaje que me hice y el cambio de color de mi cabello.

En resumen, después de toda la tormentosa historia de mis tres compromisos, note que llegaban mis treinta, y que era una nueva década en la que debía de tomar cartas en el asunto, sabía que lo siguiente era replantearme la vida en compañía de alguien, pero más que crear un compromiso con alguien más, estoy muy cierto que debía de comprometerme conmigo mismo y seguir adelante en busca, no del compromiso perfecto, más bien del compromiso real, a riesgo de tomar el papel de super maduro por tener treinta, sabia, después de toda esta experiencia, que era momento de construir las cosas, de hacer que pasen, porque realmente lo que menos necesitó son ambigüedades e historias a medias, estoy en busca de una historia real, de algo que me motive a seguir creyendo que no es solo cuestión de amor, sino más bien cuestión de estar en ello, de comprometerme con mi futuro y seguir adelante. El amor tal vez puede esperar, si ponemos primero las bases para que este sea firme y no se derrumbe, abrazo la esperanza y confió en que mi instinto y lo aprendido me llevara por un buen camino, y quien sabe, tal vez la vida esté a punto de ponerme enfrente lo que necesito, que no necesariamente tiene que ser lo que quiero y en el momento que quiero, porque pedirlo así, no es más que un berrinche de niño de veintitantos.

Espero esta pequeña introspección sirva a alguien, tal vez ayude, y le cree esperanzas suficientes para seguir adelante y entender que lo mejor está por venir, eso lo puedo asegurar; porque para mí así es.

#cdmx #besosgays

16 vistas
Nosotros

Somos un grupo de jóvenes pertenecientes a la diversidad sexual en México interesados en difundir las noticias, bufe y perreo que nuestra comunidad provee a todo el mundo.

Contacto

E-mail:

webqueperra@gmail.com

 

Whatsapp:

+52 55 3997 6018

Redes Sociales
  • Facebook Clean Grey
  • Instagram Clean Grey
  • Twitter Clean Grey
  • YouTube Clean Grey
Logo Que Perra Web

© 2017 ¡Qué Perra! Creado por y para la comunidad de Diversidad Sexual en México