• Zaid Aramiz

La Casa Azul - Veintidiez


Hace 110 años en Coyoacán, México, nació una de las mujeres más icónicas de la pintura mexicana, efectivamente, me refiero a Frida Kahlo, no me atrevo a nombrarla como la más importante, ya que no sabemos del futuro, lo realmente sorprendente sobre Frida es la pasión, la fuerza de sus pinturas, cómo convertía su realidad en sueños, plasmados en plastas de óleo sobre una tela, sobre una lámina, poder transformar todo ese dolor, en algo hermoso y tangible, algo tan íntimo y tan privado volverlo tan público y exponerte hacia todo. En eso pensaba aquel domingo que decidí visitar La Casa Azul de Frida, con Abi una de mis amigas más cercanas, es curioso como mi mente solo pensaba en el amor que le tenía Frida a Diego, es curioso como en una serie de cartas puedes desvelar una gran historia de amor.

No soy historiador y mucho menos estuve ahí, así que solo lo que conozco dela vida de Diego y Frida son meros rumores, esparcidos por generaciones, de los cuales no podemos creer todo. Lo que es un hecho es que ella realmente lo amaba, incluso podemos decir que era cierto eso de que ella no le pedía fidelidad, sino más bien lealtad, ¡que palabra tan complicada!, en definitiva, tal vez, Frida era una mujer muy avanzada para su época, o tal vez no, en realidad el tema de la lealtad es lo que ocupaba mi mente, ¿en qué momento dejamos de pensar de una manera tan heteronormada, para dar paso a la idea de relaciones abiertas, con amor, sin fidelidad, pero con lealtad?

Hubo en esta visita una frase que marcó completamente mi memoria y cambio un poco la visión que tenía de Frida:

‘Jamás en toda la vida, olvidare tu presencia.

Me acogiste destrozada y me devolviste íntegra, entera.’

En definitiva y a mi parecer aquella no es la Frida que le pidió sólo lealtad a Diego, esa es la Frida enamorada, la Frida que todos llevamos dentro, la Frida con la columna y el corazón roto que cargamos, aquella voz que nos dice en el interior que sigamos adelante, que en cualquier momento podemos encontrar el Sapo/Diego/panzón que nos hará feliz, que sin importar cuán rotos estemos nos entenderá y querrá ayudarnos a pegar nuestros pedazos y tal vez, solo tal vez ese sea nuestro verdadero amor y aquel con el que podamos estar felices el resto de nuestros días, pero recordemos que no es fácil, que realmente es parte de ambos, del otro querer pegar nuestras piezas rotas y parte de nosotros el querer que peguen en esas piezas, más importante, dentro de nosotros está el poder para pegar esas piezas y a lo mejor pensar qué tal vez no estemos buscando quien pegue esas piezas, más bien, buscamos las piezas de quien pegar.

En definitiva esa visita a la casa azul, había cambiado mi manera de ver las cosas en diferentes niveles de mi vida. Lo que era una realidad es que ese día en particular me encontraba realmente liado en mis pensamientos, aún no definía el sentido de mi vida no que rumbo tomaría dadas las circunstancias de lo ocurrido en Guadalajara, de pronto la mayoría de la gente piensa que es fácil tomar las decisiones dependiendo de cuánto deseas que estás pasen, pero la realidad es diferente, hay una serie muy compleja de ideas y elementos que tienes que mezclar para que cambio suceda, es decir a los veinte te atreves a hacer miles de cosas, que seguramente a los 30 no harás con tanta facilidad.

Ya se suena demasiado complejo todo, pero al final es parte de crecer, tener que enfrentar toda esa clase de cosas. Cuando salí de La casa azul, yo con un sinfín de ideas en la cabeza, con sentimientos de abandono y con la mayor inseguridad de no saber qué hacer, camine hacia el centro de Coyoacán, planeábamos comer algo; de pronto, algo un mensaje por inbox me saco completamente de mi centro, Alfredo preguntaba de una manera no muy correcta si debía seguir pensando en mi o seguro su camino suponiendo que yo salía con alguien más, le aseguraré que teníamos que hablar al respecto porque a mí me parecía que era al revés, que el habías dejado de interesarse en mí, porque seguro salía con alguien. Al final terminamos por vernos en un lugar para una cena temprana, desde el momento en que lo vi, sentí que algo había cambiado en él, yo suponía que seguramente era paranoia mía, pero conforme de desenvolvieron las cosas, supe que realmente él era quien había cambiado, se portaba hostil, cortante, nada que ver con el chico con quien había ido al cine, me aseguro que aquel con el que fui al cine era una versión depresiva de él, que su verdadera forma de ser era esa que veía en ese momento; y fue Justo ahí donde entendí que realmente no valía la pena, que ni siquiera desde el principio valía la pena, su actitud era tan tóxica, que necesitaba salir corriendo de ahí, le agradecí por la comida y me fui, realmente lo que menos necesito es hombres que se muestren de una manera y al final resulten ser otros, tome la poca dignidad que me quedaba tras escuchar una serie de insultos que creyó apropiado para mí y me fui. Esperando nunca saber de nuevo de él.

Al día siguiente regrese a ver mi terapeuta, y ahora sé que, en realidad no estoy mal, tampoco bien, pero paso a paso voy pegando mis pedazos para después, tal vez y si todas las circunstancias son adecuadas pueda ayudar a alguien más a pegar sus pedazos.

El reconectar con Frida en este nivel, solo creo un impulso para seguir adelante, quien sabe a lo mejor lo que buscas está a la vuelta de la esquina, solo hace falta poder caminar a la esquina.

#LacasaAzul #FridaKahlo #veintidiez

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