• David Meneses

El arcoíris en la locura o la locura del arcoíris II


Amigxs de Qperra continuamos con la homosexualidad como una enfermedad mental, proporcionando algunas definiciones conceptuales, así mismo es pertinente señalar que no es la intención de este artículo realizar una extensa investigación en el campo de lo médico, sino abordar el tema desde una perspectiva histórica.

Homosexualidad y el homosexual: definición conceptual

La actual ―normalidad de la homosexualidad y su aceptación como cuestión de derechos humanos, nos hacen difícil definir la homosexualidad y—por supuesto— a la persona homosexual. Además, en general, intentar definir a un ser humano se ha vuelto una tarea compleja, pues definir o categorizar puede contribuir a la estructura de la discriminación.

No obstante, debemos recordar que la segregación de lo diferente constituye, precisamente, el punto de partida de este articulo. Además, al momento de intentar una definición del homosexual y la homosexualidad, deben ser tomadas en consideración dos perspectivas: la primera —que denominaremos actual y es producto del más reciente cambio de episteme—, se llevó a cabo durante el último tercio del siglo XX y concibe la homosexualidad como un estilo de vida; en tanto la segunda, hace referencia a la homosexualidad como una enfermedad y nos permitirá entender los tratamientos, postulados e investigaciones médicas, psiquiátricas y científicas que, en general, permearon lo relacionado a esta preferencia sexual durante finales del siglo XIX y la mayor parte del siglo XX. Hechas estas advertencias, consideramos pertinente comenzar con la definición ―moderna, para después pasar a la extraída del área médico-psiquiátrica.

El término homosexual apareció por primera vez en 1869, mencionado por Karl Kertbeny, quien comenzó la lucha por los derechos homosexuales, al intentar abolir los códigos penales que castigaban la homosexualidad en Alemania. A partir de ese momento, el término cobró importancia y se emprendió el camino de su definición: si bien hay muchas, todas hacen referencia a: pensamientos sexuales, sentimientos, fantasía y conducta sexual abierta con personas del mismo sexo. Otra definición sobre homosexualidad nos la proporciona Farré: “la tendencia y la conducta a reaccionar preferentemente con parejas del mismo sexo” (Farré, p.32 1992, citado por Ibarra y González, 2009).


Como podemos observar, la definición de la homosexualidad está unificada, tanto en concepto como etimológicamente. En este último sentido, se trata de una hibridación del griego y del latín: del griego ὁμο (homo), ―igual; y del latín sexus, ―sexo. En cuanto al concepto, el término ofrece diferentes variantes; procedamos, pues, con la definición del concepto desde una perspectiva contemporánea.

Ardila (2008), nos dice: ―Homosexual es la persona, hombre o mujer, que siente atracción erótica hacia personas de su mismo sexo, puesto que es posible sentirse atraído por alguien sin que haya en ello nada erótico. (p.21).

En otro sentido, podemos hallar una definición más contemporánea en Castañeda (2007): “gay, implica de alguna manera, elegir día con día un estilo de vida; implica vivir públicamente lo que antes se ocultaba; implica enfrentar la discriminación social y ya no padecerla pasivamente”. (p.25).

Observamos así que, en la actualidad, la definición se enfoca en la elección de gustos, estilo de vida y formas que expresan nuestra sexualidad, además de incorporar la lucha por el derecho a la sexualidad.


También, es posible notar que las ―subdefiniciones‖ —nos referimos a una categorización de cada una de las variantes de la preferencia sexual— son dejadas de lado para centrarse, únicamente, en el factor del ser humano dentro de un todo universalizatorio10.

No obstante, y si bien estas definiciones son tomadas de actores contemporáneos a nosotros, no distan, en principio, de la estandarización de las definiciones desde la perspectiva de la homosexualidad como una enfermedad, pues todas ellas hacen referencia al objeto erótico de un sujeto, que se canaliza hacia otro sujeto de su mismo sexo biológico. Es precisamente en este punto donde podemos encontrar un enlace entre los dos tipos de definiciones planteadas, distando ambos, únicamente, en la carga ideológica que el momento histórico-social, cultural y moral determina.

El segundo modo de definir la homosexualidad y al sujeto homosexual, según la perspectiva médico-psiquiátrica. Para ello, tomaremos como punto de partida las ideas freudianas, principalmente las expresadas en su obra Tres ensayos sobre teoría sexual, que data de 1905 y donde realiza las siguientes definiciones y categorizaciones:

10 En este párrafo hago referencia a la definición de las preferencias que la cultura gay ha manejado, tales como: Ver, Top, Bottom, etc. Consideramos pertinente la aclaración, debido a la presencia de la definición de tipos de homosexuales presentes en el siglo XIX y que se mencionan en los párrafos subsecuentes.


Los invertidos se conducen muy diferente unos de otros:

  1. Son invertidos absolutos; esto es, su objeto sexual tiene necesariamente que ser de su mismo sexo, no siendo nunca el sexo opuesto objeto de su deseo sexual, sino que los deja fríos o despierta en ellos manifiesta repulsión sexual.

  2. Son invertidos anfígenos; (hermafroditas psicosexuales); esto es, su objeto sexual puede pertenecer indistintamente a uno u otro sexo. La inversión carece, pues, aquí de exclusividad.

  3. Son invertidos ocasionales, o sea, que bajo determinadas condiciones exteriores

—de las cuales ocupa el primer lugar la carencia del objeto sexual normal y la imitación— pueden adoptar como objeto sexual a una persona de su mismo sexo y hallar satisfacción en el acto sexual con ella realizado. (Freud, 1995, p. 10-11)

Además, Freud señala la diferencia existente en la apreciación del carácter de "invertido"; esto es, mientras algunos individuos lo defienden como un carácter natural —sin que este cambio de su objeto sexual les cause malestar alguno—, otros consideran a su objeto de deseo sexual como algo anormal y luchan contra ese estado, rebelándose y considerándolo una obsesión morbosa.

Para Freud y el psicoanálisis, la homosexualidad es una psicopatología — más no una degeneración—, proveniente de un evento traumático en la infancia, donde se desvía en el niño el objeto sexual normal y ello se refleja en la edad adulta.

De acuerdo con el psicoanálisis, esta patología tiene su origen, específicamente, durante la fase denominada autoerótica, dentro de la cual la apropiación de un objeto de deseo sexual ocurre de manera parcial y a un nivel narcisista, que deriva en la búsqueda de un objeto amoroso donde el sujeto se representa a sí mismo, por lo que dicho objeto debe poseer un órgano genital similar.

En lo referente a las prácticas sexuales de una relación homosexual, Freud plantea la simbolización de regresiones de puntos de fijación en el desarrollo, es decir:

Si existe una fijación anal en el sujeto, éste en cada relación adoptará una actitud de recepción pasiva del pene. Si al contrario, si existe una identificación con la crueldad y ostentación del poder presente en el padre del individuo durante su infancia, dicho individuo opta por el sometimiento de su pareja, para que ésta adopte una conducta receptiva en la relación sexual. (Blechner, p. 75 1993, citado por J. Hernández, 1996).

Ahora bien, es necesario reconocer el aporte de Freud hacia la identificación de las sexualidades múltiples, las cuales se manifiestan a través de las diferentes etapas de nuestra vida, convirtiéndose, de esta manera, en sexualidades polimorfas.

Además, conviene tener presente la aclaración de la denominación freudiana de los “comportamientos sexuales perversos, en cuya connotación no aplica la carga ideológica actual; más bien, los llamó así ―buscando transformar las opiniones convencionales respecto de lo que constituía el sexo, retomando esa analogía que hasta el siglo XVI se utilizó de la perversión como diversidad, expresada claramente al denominar al infante como un perverso polimorfo” (Careaga y Cruz, 2004, p.13).

Otra de las definiciones que nos proporciona el campo de la psiquiatría la obtenemos de la corriente de la Terapia Conductual, la cual tiene sus orígenes en 1920, de la mano de John Watson, quien al tomar como principal hilo conductor la idea de una psicología monista, define el estudio de la misma como: “la conducta del organismo que interactúa en la construcción del mundo que le rodea y donde dicha interacción se comprende como una relación recíproca” (Prince, p. 79 1981, citado por J. Hernández, 1996).

En consecuencia, la Terapia Conductual postula que toda conducta emitida, buena o mala, normal o anormal, se alinea a los principios del Condicionamiento Clásico, el cual expresa que “un estímulo neutral coexiste en el medio natural junto con un estímulo nocivo que hace las veces de un estímulo incondicionado y que el apareamiento espacio temporal consecutivo de ambos, trae como consecuencia una respuesta conductual condicionada al mismo” (Leitenberg, p. 76 1982, citado por J. Hernández, 1996).

De esta manera, la Terapia Conductual define la homosexualidad como un hábito sexual desviado, cuyo mantenimiento es aprendido, puesto que el homosexual se mantiene entre todos aquellos factores del medio ambiente que condicionan o refuerzan su conducta. Esta corriente psiquiátrica habla de la homosexualidad como un problema sexual y no como una patología, al sumarla a la siguiente clasificación:

  1. Fracaso en la función o disfunción sexual (constituido por el fallo en la erección, eyaculación precoz, frigidez y anorgasmia).

  2. Desviaciones sexuales (en las que hay una atracción estimulante por un objeto o actividad sexual fuera de lo normal).

  3. Transexualismo (donde el sujeto siente que pertenece al sexo opuesto del que denota su anatomía) (J. Hernández, 1996, p. 81-82).

Igualmente, otros teóricos —como Wolpe, Guthrie, entre otros — asociados a la Terapia Conductual, han dado una definición y un motivo al origen de la homosexualidad, siempre fundamentados en los principios de su corriente.

De esta manera, observamos tanto las definiciones de los conceptos Homosexualidad y Homosexual, como la percepción general que dos grandes corrientes dentro la psicología tenían sobre el fenómeno. No ahondaremos más en ello, pues no es nuestra intención realizar un estudio psicológico detallado de la homosexualidad, sino hacer un análisis, desde una lectura histórico-cultural, de la percepción que México tuvo sobre la homosexualidad.

Si el cura no pudo, ¿el “doctorcito” sí?

Antes del establecimiento de la ciencia médica como institución, los métodos de cura para tratar los desórdenes propios o derivados de la homosexualidad estaban enfocados al castigo, a través del cual se esperaba que el "invertido" escarmentara, es decir, que comprendiera que su conducta estaba prohibida tanto por la ley de Dios como por la ley del ser humano.

Esta cultura del castigo es una influencia directa de la ideología judeocristiana en la cultura occidental, donde el "pecado nefando" no podía ser "curado" mediante el poder de la oración y la expiación que proporcionaba el confesionario. En consecuencia, la necesidad de un castigo físico se convirtió en algo necesario.

Ante este panorama, el avance propiciado desde la medicina en el tema de la homosexualidad constituyó un paso hacia una trasformación futura mayor, debido, principalmente, al cambio de episteme permitido por el nuevo discurso dominante, apoyado ya no en la oración, sino en la ciencia.

Hablaremos sobre los métodos propuestos y practicados por diferentes corrientes —como el Psicoanálisis y la Terapia Conductual— para hacer frente al problema mental de la homosexualidad.

Freud, Freud: ¡Cura mis ganas pecaminosas!

En párrafos anteriores hablamos de la definición que el Psicoanálisis establece sobre el homosexual y la homosexualidad, lo cual nos servirá de preámbulo para entender las propuestas que brindó para tratar 'la enfermedad', clasificada como una patología sexual.

Como sabemos, el psicoanálisis vincula el origen de todo aquello que se relaciona con los gustos de la vida sexual en un adulto, al desarrollo temprano de la niñez; estos gustos, además, incluyen temores, obsesiones y fetiches. Por tanto, la presencia de cualquier anomalía de índole sexual en el desarrollo psicosexual del sujeto, será el resultado de un evento o proceso experimentado por el infante.

Freud planteó que aquellos responsables de satisfacer las necesidades del infante, juegan un papel importantísimo en el desarrollo de su personalidad, pudiendo, en determinadas circunstancias, favorecer la creación de un trauma en alguna etapa del proceso psicosexual (vocal, anal o genital). Aunado a esto, asevera que todas las personas tienen propensión a realizar una elección de objeto homosexual de manera inconsciente, influenciados por factores psicológicos, sociales e incluso culturales.

Freud, sus seguidores y el psicoanálisis en general afirman que la condición homosexual no es causada por un único factor determinante; al contrario, múltiples factores —de experiencia y sentimentales—, relacionados con los padres, pueden cobrar relevancia en la elección del objeto sexual. Dicha elección no implica necesariamente, en el sujeto homosexual, la consolidación de la satisfacción del placer sexual ni una realización personal total; al contrario, marca al individuo como alguien que sufre un dolor sentimental significativo, donde el concepto de sí mismo y su relación con el entorno se ven seriamente afectados.

Estas alteraciones dolorosas, derivadas de su condición, conducen al sujeto a la búsqueda del tratamiento psicoanalítico; empero, dicha búsqueda no se basa en la necesidad de una transformación de su sexualidad, sino en la necesidad de alivio y respuestas que le ayuden a entender mejor su condición de homosexual y su relación con el mundo que lo rodea. De hecho, dentro del ámbito clínico, ―son muy pocos los hombres homosexuales que quieran cambiar su preferencia sexual; la mayoría viene para solucionar problemas de depresión, ansiedad, neurosis, soledad o para entender mejor su rol sexual‖ (Cabaj, p. 76 1988, citado por J. Hernández, 1996).

De acuerdo con lo anterior, podemos observar que el fin del tratamiento psicoanalítico referente a la homosexualidad no es cambiar la orientación del paciente, sino ayudarlo a identificar los motivos de su deseo por ese determinado objeto sexual, además de encontrar la manera de asumir libremente su identidad sexual.

Si Freud nos falla, ¿ahora quién podrá defendernos de estas ganas que ganan?

En este apartado exploraremos la propuesta de la Terapia Conductual para curar esta "enfermedad". La finalidad de la Terapia Conductual es modificar los hábitos no adaptativos de la conducta humana y reemplazarlos por otros adaptativos. Así, en el caso específico de la homosexualidad: “las personas que han sido clínicamente tipificadas como desviados sexuales pueden ser tratados con métodos para disminuir la desviación, para incrementar la heterosexualidad o ambas cosas a la vez" (J. Hernández, 1996, p. 84).

Resulta evidente que la ―cura propuesta por la terapia conductual se basa en la modificación del comportamiento del individuo mediante un método de tipo aversivo (castigo); esto quiere decir que, cuando el sujeto demuestra un hábito homosexual, se hace ―meritorio‖ a un estímulo que contrarreste dicha "desviación". Este método se utiliza hasta que el individuo, de manera inconsciente, asocia dicha conducta con una ―consecuencia‖ desagradable. A manera de ejemplo, podemos pensar en un paciente a quien se le propina un golpe —por decir algo— cada vez que demuestra excitación sexual ante imágenes homo-eróticas; después de muchas repeticiones, cada vez que conscientemente demuestre excitación ante lo relacionado con la homosexualidad, su inconsciente asociará dicho estímulo con el dolor generado por el castigo, obligándolo a un rechazo reflejo de la conducta castigada.

Algunos estímulos aversivos utilizados para eliminar la conducta sexual desviada son:

  • Administración de sustancias químicas

  • Descargas eléctricas

  • Inducción de fantasías molestas encubiertas

  • Olores desagradables mezclados en una situación antes agradable para el sujeto

  • Inducción y recreación de situaciones que causen la vergüenza social

Con este breve acercamiento, hemos explorado otra corriente que define a la homosexualidad como una patología sexual. Según sus defensores, la Terapia Conductual proporciona un método de curación y alteración de la conducta sexual que, de acuerdo con teóricos como Kurt, no tiene consecuencias ni psicológicas ni sociales en el sujeto, siempre y cuando sea administrado con discreción y compasión.

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