• David Meneses

El arcoíris en la locura o la locura del arcoíris III


El arcoíris en la locura o la locura del arcoíris III

Estimados lectores de Qperra, en esta ocasión les presentamos la última parte de nuestra investigación sobre la percepción de la homosexualidad como una enfermedad mental en México. Abordaremos algunos de los casos de homosexualidad tratados en nuestro país, tomando a consideración que tanto en México, como en otros países, la homosexualidad fue considerada una enfermedad mental por las instituciones médico-psiquiátricas nacionales.

Los casos recopilados en este trabajo de investigación datan del periodo comprendido entre 1950 y 1978. Dicha evidencia consta de algunos casos de tratamiento a la homosexualidad —entendiendo que la homosexualidad comprende también las identidades de lesbianismo y transexualidad— por parte de la medicina y la psicología.

México de chacales, putos y mayates: “Enfermos degenerados”

La primera aproximación a los casos clínicos de homosexualidad en nuestro país, girará en torno al trabajo de un hombre que, en sí mismo, es una institución dentro de la psiquiatría nacional, al punto de ser considerado el padre la psiquiatría mexicana. Nos referimos a Edmundo Buentello y Villa, cuya obra Higiene Mental en México (1956), dedica algunas páginas a la homosexualidad.

El Dr. Buentello comienza a ocuparse del tema con los siguientes postulados:

  • La diferenciación sexual no depende exclusivamente de las influencias endocrinas gonadales generales, sino que también en ella toman parte otro tipo de factores extragonadales (con lo cual se adhiere a la teoría de Pander, donde se señala que el origen de la sexualidad es pluriglandular).

  • Caracteriza al instinto sexual como no dependiente exclusivo del sistema endocrino, aseverando que la libido no posee una relación especifica con las hormonas. (Buentello, 1956, p. 196-200).

Al seguir adelante y tras una explicación del origen propio de nuestros instintos sexuales, el Dr. Buentello hace referencia al origen de la homosexualidad. Según él, ésta no posee una unidad real, pues se encuentra conformada por sujetos de diferentes orígenes y que llegan a ella por diversos caminos, algunos de los cuales, incluso, pueden ser opuestos si se comparan unos con otros. Los diversos

―caminos‖ considerados por el Dr. Edmundo (1956) son: "oligofrénicos, neurópatas, disendócrinos, epilépticos, perversos constitucionales y pervertidos por el medio, estresados sexuales, etc." (p. 195).

En primer lugar, observamos cómo el Dr. Buentello explica el origen de la constitución de nuestros deseos sexuales y, derivada de dichos deseos, sustenta la conformación de la homosexualidad, misma que se relaciona con diversos padecimientos psiquiátricos. Pero además, su tesis sobre el origen de la homosexualidad se apoya en la teoría de Freud, que es ejemplificada mediante el complejo de Edipo, donde el cambio de elección del objeto sexual en el sujeto se relaciona con la fuga de sí mismo para transformarse en su madre, con la necesidad consecuente de buscar un remplazo de su propia persona.

Para el desarrollo de la hipótesis del Dr. Buentello, el concepto de la fuga del yo propuesto por Freud es fundamental, pues a partir de éste realiza una comparación de la despersonalización que sufre el sujeto que padece esquizofrenia, convirtiendo a ambos (el homosexual y el esquizofrénico) en desadaptados del medio en el que viven.

Con tales fundamentos, define al homosexual de la siguiente manera:

El homosexual es un sujeto introvertido, vengativo, el cual posee una preocupación honda por el sentido de su existencia, cambia vaginas por rectos en un acto de rebeldía hacia su origen. En vez de matar al padre o la madre mata sus células generadoras, muestra de ambivalencia, síntoma de la esquizofrenia. Entre la enfermedad mental esquizofrenia y la homosexualidad existen puntos de contacto ineludibles. La homosexualidad es un tipo de esquizofrenia (Buentello, 1956, p. 200).

Al definir la homosexualidad como un tipo de esquizofrenia, continúa presentando aseveraciones comparativas de las dos enfermedades para justificar su afirmación; entre éstas, encontramos las siguientes:

  • Casi no es posible examinar la historia clínica de cualquier esquizofrénico sin hallar preocupaciones sexuales o manifestaciones interpretadas o alucinatorias de homosexualidad.

  • El síntoma del exhibicionismo está presente en el esquizofrénico y en el homosexual, así como el negativismo (sin que éste constituya un síntoma fundamental) (1956, p. 202).

Una vez expuesta su teoría, el Dr. Buentello llegó a la conclusión de considerar a la homosexualidad como una paraesquizofrenia, incorporándola así al catálogo de las enfermedades psíquicas. Sin embargo, no encontramos en su obra una propuesta específica de tratamiento; esto hace pensar que, al catalogar la homosexualidad como esquizofrenia, habría utilizado los mismos métodos para tratar ambas enfermedades. Sin lugar a duda, la obra del Dr. Buentello es un excelente ejemplo de cómo la homosexualidad llegó a ser considerada una auténtica enfermedad mental en la institución médica mexicana.

Al pasar la página hacia otros casos médicos de homosexualidad, dimos con una obra registrada en 1957 por el Dr. Rafael Sandoval Camacho, en su libro Una Contribución Experimental al Estudio de la Homosexualidad. Se trata de un estudio muy interesante y polémico, sumamente detallado y elaborado. Dicho trabajo consta de diferentes etapas de desarrollo, que incluyen métodos psiquiátricos, quirúrgicos y endócrinos debidamente expuestos.

En la obra el Dr. Sandoval expone la absoluta inutilidad de las medidas terapéuticas para resolver el problema de la homosexualidad; por tal motivo, el autor se da a la tarea de indagar más allá del campo psiquiátrico, incluyendo en su investigación criterios anatómicos y funcionales.

Se aplicaron medidas y tratamientos que debían contar con la aprobación del paciente, pues según lo expuesto por The Journal of the American Medical Association en diciembre 23 de 1950, sólo “se puede prestar ayuda útil y eficaz a los homosexuales que lo deseen, ya que para las personas que no quieren cambiar el tratamiento es prácticamente inútil" (Sandoval, 1957, p. 28-31).

Exponemos el siguiente caso: una persona denominada J.O.R., de sexo masculino y originario del estado de Veracruz, al acudir con el Dr. Sandoval Camacho presentaba síntomas de colitis amebiana. El médico, al observar el aspecto, movimientos, psique y expresiones feminoides del paciente, decidió resolver el caso de manera clínica en atención a dichas manifestaciones, pero también a petición del paciente.

Dicha intervención resultó valedera ante la siguiente premisa: “Se pueden lograr mejores resultados en el tratamiento de la homosexualidad al feminizar o masculinizar al sujeto homosexual, con lo cual se logra mayor grado de bienestar al paciente permitiendo, así, su reincorporación a la sociedad al corresponder su apariencia física con su comportamiento” (Sandoval 1957, p.31-33).

El objetivo planteado para la intervención del caso fue aunar los medios quirúrgicos, endócrinos y psiquiátricos con el fin de lograr la unificación funcional del homosexual. Dicha meta se alcanzaría bajo los siguientes parámetros:

  • El programa quirúrgico eliminaría los caracteres sexuales que dan al paciente la categoría de masculino, construyendo mediante plastia genitales femeninos.

  • Mediante tratamiento endócrino se daría regresión a los caracteres sexuales masculinos y se ayudaría al desarrollo de los femeninos, dando de esta manera un aspecto femenino al enfermo.

  • Mediante tratamiento psiquiátrico se procuraría liberar las tendencias sexuales, de acuerdo con el grado de feminización del paciente.

  • Finalmente, mediante psicoterapia, se ayudaría al paciente para lograr una adaptación social y la plena aceptación de su nueva condición femenina.

Con los objetivos y los causales ya planteados, el estudio continúa con la descripción de las pruebas realizadas al paciente —las cuales van de lo psiquiátrico a lo hormonal—, todo ello como parte de un proceso previo a las intervenciones quirúrgicas, cuyo objetivo era "feminizar", es decir, cambiar el sexo del paciente. Lo anterior se asumió en todo momento como una manera de ―cura‖‘ la homosexualidad.

En los resultados de las pruebas psicodiagnósticas, se arrojó la siguiente conclusión: "el síntoma de homosexualidad patente y manifiesta los cuales dan asociación a costumbres, hábitos y libido de características femeninas, síndrome intersexual" (Sandoval, 1957, p. 54). Dicha conclusión se basó en los siguientes puntos, seleccionados de entre las pruebas expuestas en el trabajo:

  • Las pruebas proyectivas dicen del estado de inversión sexual, homosexualidad pasiva como enfermedad latente y síntomas de estados depresivos y de histeria.

  • Oposición consciente e inconsciente ante la contradicción de su apariencia física y los procesos psíquicos de índole femenina.

  • Las tendencias que se mencionan no son factor de rechazo, sino al contrario de aceptación causando placer y bienestar.

  • Los estados depresivos e histéricos crónicos conducen a conductas degeneradas de autodestrucción y suicidio. (Sandoval, 1957, p.60).

Ante los estudios mostrados, no cabía duda de que al paciente se le podía curar mediante el tratamiento expuesto en la hipótesis del Dr. Sandoval Camacho. El tratamiento, efectivamente, se llevó a cabo. Su etapa quirúrgica constó de 6 intervenciones, realizadas entre el 26 de mayo de 1953 y el 10 de marzo de 1954, tanto en instituciones privadas como en la Casa del Paciente en la Ciudad de México. Durante la más agresiva de estas intervenciones se llegó a la extirpación del pene.

Como se mencionó anteriormente, el tratamiento propuesto por el Dr. Sandoval Camacho contempló una fase de psicoterapia; con ella, se buscó dar soporte al paciente para aceptar su ahora nueva condición y los cambios sufridos por su cuerpo. En dicho proceso se alentaron y reforzaron las reacciones féminas11 de su personalidad.

La conclusión del estudio indica la plena adaptación social de J.O.R. Además, asegura que su objetivo no consistió en disimular la homosexualidad presente, sino en lograr una forma de integración a una ―unidad‖ libre de contradicciones para el paciente, dentro de una sociedad que no estaba preparada para la aceptación de los homosexuales.

El caso relatado representa uno de los métodos más controversiales para curar la homosexualidad; incluso, podemos afirmar que la supuesta cura es en realidad un exterminio de los hombres y las mujeres homosexuales, pues consiste

11 Las "reacciones femeninas" consistían en alentar el comportamiento entendido como propio de la mujer — socialmente aceptado— según el paciente; es decir, lograr que su accionar correspondiera con el rol genérico femenino.

en una reasignación de sexo de manera casi brutal. No obstante, esta práctica aún se encuentra vigente en países como Irán, donde la homosexualidad es considerada un crimen.

El siguiente caso fue extraído de la revista Neurología-Neurocirugía- Psiquiatría, publicada en 1963. Se titula "Un Caso de Transvestismo" y fue escrito por Carolina Luján. Dicho artículo expone un caso de transexualidad dentro de la historia médica mexicana y constituye una muestra muy interesante y valiosa sobre la identidad de género, pues nos permite conocer el trato brindado desde la medicina a quienes más adelante se definirían como transexuales.

Se trata de un paciente masculino de 47 años, enviado a un hospital mexicano desde una institución de salud mental norteamericana. El paciente solicitó que se le convirtiera en mujer mediante una intervención quirúrgica. En este punto, vale la pena aclarar que ese tipo de solicitudes ya habían sido realizadas con anterioridad, y consistían en la remoción de un testículo sin causa médica aparente.

El paciente fue internado en el área de urología del hospital para que se realizaran las observaciones pertinentes al caso. A petición de su médico tratante—señalado como el Dr. Feder—, se le realizó una prueba psicológica, la cual fue publicada en el artículo mencionado. Dicha entrevista consistió en pruebas de Rorschach y test de Percepción Temática.

En el texto, se describe a un paciente vestido de mujer, maquillado y con formas de actuar en extremo femeninas, las cuales contrastaban con sus ―toscas facciones y un cuerpo de contornos indefinidos‖.

El paciente externó claramente su deseo de una operación quirúrgica que le extirpara el pene y pusiera en su lugar una vagina artificial, pues, según señaló, "le es imposible vivir como hombre o funcionar como tal" (Luján, 1963, p.79). En este sentido, el paciente ya había sido examinado infinidad de veces, encontrándosele “normal” psiquiátricamente hablando.

El texto científico subraya que el paciente compartía detalles biográficos "espontáneamente, [y] sin que se intente presionarlo". Los datos son los siguientes:

El paciente fue regalado, desde pequeño, a un matrimonio sin hijos que, a los pocos años, engendró a una niña sordomuda. La madre adoptiva lo vestía como niña, pues el niño, cuando intentaban vestirlo como varón, lloraba y ―hacía berrinches‖ para expresar su inconformidad. A pesar de haber intentado corregir la conducta, los padres cedieron ante ella.

El padre adoptivo murió de tuberculosis. Cuando la madre consiguió una nueva pareja, su nuevo esposo le exigió que llevara al varón a un hospicio, puesto que él ya tenía muchos hijos y no podía hacerse cargo del niño adoptado. Además, el paciente decía recordar que se le mencionó ―no saber cómo fue criado, si como niña o niño‖. La hermana sordomuda fue llevada a una institución especial para que fuera atendida.

En el hospicio, el paciente sufrió abuso por parte de sus compañeros; consecuentemente, se alejó de los demás, esperando con ansias el momento de dejar aquel lugar, cosa que logró hasta los 19 años. Tras su salida del hospicio, viajó a través de los Estados Unidos, trabajando cuando y donde podía; al llegar a las ciudades, se acercaba a mujeres mayores en busca de comprensión y ayuda, y se alejaba de los hombres.

Describió al hospital como su hogar, donde "se siente en casa". Allí ayudaba, como las demás mujeres, a cuidar de los enfermos y servir los desayunos, entre otras tareas.

Al terminar la pequeña semblanza biográfica, el texto hace referencia a las pruebas practicadas. Aunque están detalladas en lenguaje médico, es factible extraer en claro la concepción médica de la homosexualidad durante ese periodo.

A continuación, se presenta una síntesis de dicho diagnóstico.

  • Las pruebas psicológicas revelan funcionamiento intelectual en niveles de pensamiento concreto, con déficit en la capacidad de abstracción; presenta formas limítrofes de pensamiento psicótico. Se revelan formas regresivas de pensamiento, dominadas por el concepto; característica esquizofrénica. La expresión especifica de la patología: la ropa de mujer.

  • El abandono y la pérdida en lo familiar explica la intensidad y profundidad de su psicopatología. Para él, vestirse de mujer y ser aceptado como tal es indispensable.

  • Vestirse de mujer no solo satisface necesidades eróticas al roce con las prendas, sino que representa una manera de defenderse de peligros(a nivel de aniquilamiento), tales como la rivalidad infantil y toda situación triangular; o bien, la misma relación de objeto a niveles más evolucionados. La ansiedad de castración, no se vive en el sentido edípico, sino que la amenaza al pene es vivida como una amenaza de muerte. Esta confusión de la parte con el todo es típica del pensamiento esquizofrénico.

  • El paciente no busca la compañía homosexual característicamente en los hombres, sino la compañía de mujeres.

  • Lo que pide el paciente (la extirpación quirúrgica del pene y la construcción de una vagina) tiene como contenido la autodestrucción, que de suceder, podría desembocar en la psicosis. Al destruirse la relación pene-ropa de mujer, lo que se destruye es la simbiosis boca-pecho, niño-madre. (Luján,1963, p. 81-83)

Tras los resultados de las pruebas, se concluye tajantemente: 1) En nivel sintomático descriptivo, el paciente se coloca en la clasificación de "personalidad psicopática" o "sociópata", o más específicamente, "psicopatía sexual"; 2) Se trata, evidentemente de una esquizofrenia, y el lenguaje del paciente es precisamente el lenguaje de la esquizofrenia.

Así es como terminó este caso, donde se concluye, nuevamente, con un diagnóstico que asimila la homosexualidad —o en este caso más específico, la identidad de género— como una extensión de la demencia precoz, concordando con los casos anteriormente mostrados y con la teoría del Dr. Buentello. Esta concordancia de diagnósticos podría llevarnos a suponer una alternativa de tratamiento similar o idéntica a la empleada con la esquizofrenia.

Continuando con la exposición de tratamientos clínicos para la homosexualidad en nuestro país, pasaremos a la relatoría de tres casos encontrados en diferentes revistas nacionales de psiquiatría. El primero de ellos, presente en Revista Psiquiatría (1969) y expuesto por el Dr. Armando Hinojosa, se titula "Aspectos Clínicos de la Homosexualidad".

En primer término, este artículo reconoce la gran variedad de las personas que “padecen” dicho problema, así como la necesidad de que los terapeutas adopten enfoques libres y sin prejuicios para, de esta forma, llevar a cabo una labor efectiva que permita a “hombres y mujeres […] superar la forma de vida homosexual y lograr una nueva y más feliz vida heterosexual, aunque las tendencias homosexuales no se extingan definitivamente” (Hinojosa, 1969, p. 117).

Hinojosa —a través de los postulados de Kinsey, Noyse y otros— cataloga la homosexualidad como una manifestación más de las personalidades morbosas, por ejemplo: la debilidad mental, la paranoia, la personalidad psicopática y la esquizofrenia.

Antes de seguir adelante, hagamos una aclaración pertinente. Puesto que la homosexualidad se vincula con trastornos como la personalidad psicopática, veamos cómo se define esta última. Según el Manual de Diagnóstico de Psiquiatría (DSMIV), se agrupa dentro de los Trastornos de Personalidad, como un trastorno antisocial de la personalidad:

Dentro de esta categorización, podemos encontrar un amplio espectro y por lo tanto, grados diferentes de manifestación, desde el criminal, hasta una persona aparentemente integrada al entramado social, que trabaja, estudia, tiene hijos, familia.

La característica principal de estas personas es que tienen anestesia afectiva, no sienten culpa, por lo tanto, ellos no son los que sufren, pero sí las personas de su entorno. Las emociones que sí pueden sentir son cólera, ira o tristeza, cuando las cosas no son como ellos quieren.

Solo los mueve su propio interés y para llegar a ello, que es obtener dominio y poder sobre su ambiente, pueden llegar a simular, no a sentir, amor, compasión, solidaridad, ternura, sentimientos de amistad, sólo hasta conseguir sus objetivos. Cualquier estrategia es válida para llegar al máximo placer del psicópata que es anular la voluntad del otro para explotarlo, atacarlo y demostrar su superioridad y su desprecio hacia su víctima, ya sea en el área laboral, de sus relaciones personales, sexual, etc. Esta es su esencia. (Santoro, s.f., p. 1)

La identificación explícita con trastornos de tipo psicópata (por parte de Hinojosa), resulta suficiente para demostrar su influencia en el reforzamiento de la percepción de la homosexualidad como enfermedad. Sin embargo, el verdadero valor de ―Aspectos Clínicos de la Homosexualidad‖ radica en la exposición imparcial de dicho "problema", además de la crítica hacia la falta de objetividad con la que es estudiado y tratado, debido, principalmente, a factores sociales y morales que han estigmatizado “el padecimiento” a lo largo de la historia. Incluso, presenta un cuestionamiento sobre los motivos por los que los homosexuales acuden en busca de ayuda psicoterapéutica. De los motivos expresados, rescatamos los siguientes:

  • Sujetos que se sienten aterrorizados por haber comprobado que tienen una franca inclinación homosexual, que entra en contradicción con todo lo que piensan que deberían haber sido, y desean por "deber moral" cambiar y obtener la curación de lo que juzgan una humillante aberración.

  • Personas que toman la homosexualidad como un problema patológico, pero perciben que muchas áreas de su vida están poco desarrolladas (...)

  • Personas que han sufrido mucho por la presión social, las humillaciones y la falta de libertad, haciendo formaciones rectificadoras a su situación, que les dificultan la vida y llenan de sentimiento de culpa e inferioridad, de miedo y angustia, aunque aceptan la homosexualidad de forma consciente de forma no inmoral. (A. Hinojosa, 1969, p. 120)

Vale la pena preguntarse, entonces, ¿por qué los homosexuales buscan la ayuda de un psicoterapeuta? Hinojosa dirige el cuestionamiento hacia su gremio, planteando de manera tácita la pregunta: “¿qué podemos hacer los psicoterapeutas a favor de los que acuden en demanda de nuestra ayuda, porque realmente la necesitan y creen que realmente podemos hacer algo en favor de ellos?” (A. Hinojosa, 1969, p.118). Lo encomiable de dicho cuestionamiento, es que en respuesta surge una metodología de tratamiento para lograr la curación de sus pacientes, exponiendo las consideraciones siguientes:

  1. La homosexualidad en sus diversas formas no caracteriza al sujeto.

  2. Se debe tener como meta principal el desarrollo principal del sujeto; debemos ayudarle a convertirse en un hombre en primer lugar y en todo su significado.

Para tratar el problema sexual, el Dr. Hinojosa, plantea los siguientes puntos (al ser una exposición extensa la hecha por él, advertimos que aquí plasmamos únicamente los más sobresalientes e interesantes para nuestro fin:

  • Cómo se considera a sí mismo en cuanto al sexo, como persona; qué es como ser humano perteneciente al sexo masculino; cómo se experimenta a sí mismo en esta función y con qué peculiaridades.

  • Cómo considera al sexo opuesto, que clase de emociones y sentimientos le suscita.

  • Cómo se considera en cuanto a su propio sexo en lo particular; cuál es su imagen representativa y de qué manera se sitúa; cómo se siente y qué clase de arreglos ha llegado a establecer. (Hinojosa,1969: 121)

Una vez expuestos estos puntos, así como sus consideraciones respectivas, nuestro autor llega a la siguiente conclusión: El homosexual puede cambiar a la vida heterosexual al observar la facilidad de encontrar plenitud y felicidad en ésta, a diferencia de los padecimientos de su elección homosexual.

No podemos cerrar la exposición de este artículo sin realizar las siguientes observaciones: aunque Hinojosa tiene buenas intenciones, el texto se encuentra cargado de la ideología imperante en su momento; al mismo tiempo, es un esfuerzo valioso que proporciona un tratamiento psicoterapéutico para la homosexualidad, el cual, evidentemente, requiere y toma en cuenta la participación del sujeto para ser curado.

Continuando con la exposición clínica, toca el turno al artículo del Dr. Eduardo Zajur: “Un caso de seudo homosexualidad femenina”, contenido en la revista Psicoanálisis, Psiquiatría, Psicología, del año 1974.

Allí, se describe a una paciente femenina de 28 años, identificada con el nombre de Silvia S., quien durante la primera consulta, se describe como nerviosa, inquieta y sudorosa. Menciona la presencia de relaciones homosexuales desde hace más de diez años y niega la práctica de relaciones heterosexuales.

Su pareja desde hace tres años, identificada como Alicia, es descrita como una mujer dominante, burda y agresiva, artista de centros nocturnos, quien hace que la relación con Alicia se desarrolle en teatros, cabarés y donde, invariablemente, hay alcohol. La relación de ambas se describe como violenta y codependiente. Alicia amenaza constantemente a Silvia con dejarla cuando no accede a sus deseos; frente a ella, coquetea y se acaricia con otras mujeres, por lo que Silvia reacciona con miedo y permanece angustiada ante la inminente ruptura.

Silvia vive con Alicia y su madre en casa de ésta última, quien, por ello mismo, la manipula constantemente. Silvia piensa que su vida homosexual es triste, vacía y la lleva a hundirse en la soledad. En la historia personal de Silvia se narra:

Hija de Cora y de S, quien se describe como un rico comerciante viudo y con cuatro hijos. Por esta razón, S no vive con ellas, sino con su primera familia.

Silvia vive con su madre y su tía; además, tuvo una hermana que falleció a los pocos años de nacida.

La madre es controladora y manipuladora; cuando bañaba a Silvia, le limpiaba excesivamente la vulva, al tiempo que le decía ―Los hombres nunca deben tocarte ahí". Tras la muerte de la hermana, la madre manipula a Silvia para que chantajeara a su padre, exigiéndole dinero y que se case con su mamá.

Su primer contacto con la homosexualidad se deriva de su tía, a quien observa acostarse con una muchacha; no obstante, más tarde, atestigua el encuentro sexual de su tía con un "amigo" bajo las sábanas.

La madre derrochaba el dinero que obtenían del padre en borracheras con amigos. Además, explotaba a Silvia, obligándola a bailar en cabarés por dinero. Después de estas experiencias, Silvia no quería estar con su madre. Al contárselo a su padre, fue enviada a un internado en los E.U.A. Allí conoció a Rita, quien ―fue su primer amor y experiencia sexual, Silvia sentía ternura y necesidad de su compañía‖ (Zajur, 1974, p. 124).

A su regreso a México, el padre la dotó de comodidades, y Rita compartió con ella dos años de relación hasta que la abandonó por otra mujer; esto se tradujo en una nueva experiencia de abandono. Como consecuencia, Silvia comenzó a visitar sitios homosexuales, donde conoció a Rosa, quien la "desfloró", la llenó de plenitud y la hizo sentirse mujer.

No obstante, su relación era inestable, producto de los desorbitados celos de Rosa, quien incluso la golpeó. Esto hizo que la relación terminara. Después de ese episodio, Alicia llegó a su vida.

Respecto a los hombres, Silvia expresa atracción hacia ellos a partir de fantasías con el matrimonio cuando alguno de ellos le gustaba. Con Roberto tuvo caricias y ciertos juegos sexuales debido, sobre todo, a su necesidad de saber si sentía atracción por los hombres.

En el texto se detallan los sueños de Silvia relatados al Dr. Zajur. Él los interpreta y una de las conclusiones más sobresalientes es el miedo a ser madre, aunado a la demostración de odio hacia la suya. Asimismo, se debe destacar la imagen negativa que tiene de los hombres, a quienes percibe como débiles y repugnantes, por lo que sostener relaciones con mujeres es lo único que la salva de la soledad. La conclusión médica indica una sumisión masoquista hacia la madre.

Al terminar su relación con Alicia debido a los constantes abusos, conoció a Gustavo, un hombre por quien siente deseos de entrega sexual; sin embargo, él desea casarse y "hacer bien las cosas" con ella.

Gustavo termina convirtiéndose en su esposo, pese a las objeciones de la madre de Silvia, quien constantemente intenta destruir la relación, ya que con ella perdería su medio para manipular al padre de Silvia y las comodidades derivadas.

Para estar segura de la desaparición de sus deseos homosexuales, Silvia recurrió a Rita, la mujer que recordaba con más ternura. Al buscarla, se dio cuenta de que ella no le despertaba deseos sexuales. Así, con la ayuda del terapeuta, llegó a la conclusión de que sus deseos hacia las mujeres provenían de la enorme necesidad de cariño materno.

El terapeuta le aconsejó dejar totalmente de lado esos deseos, pues podían destruir su relación con Gustavo, y con ello, fracasaría su intento de ser feliz. Gustavo llenaba su necesidad de ternura y cariño, lo cual, evidentemente, refleja la necesidad de un padre que la protegiera de las crueldades de su ―madre dañina‖. En nuestra apreciación—y tras una consulta con la psicoterapeuta Ana Cecilia Salgado Manzanares—, el terapeuta de Silvia se limitó a transferir las necesidades afectivas de Silvia, desde la figura materna hasta la figura paterna, que igualmente estuvo alejada de su vida; es decir, no se trata de una auténtica cura de la homosexualidad: Gustavo es la salvación de la crueldad materna, la realización del anhelo de Silvia por que un padre la rescatara. Incluso, a través de lo expresado en sus sueños, la paciente vio nacer una sensación de rechazo hacia las mujeres, quienes, en realidad, nunca la ayudaron en su vida.

Para concluir con esta historia, podemos decir que el accionar y las conclusiones del Dr. Zajur resultan altamente cuestionables; incluso, pareciera que éste dirigió las necesidades de su paciente de forma poco profesional y sin un conocimiento real de la materia, con el único objetivo "curarla" de su homosexualidad.

El último caso al que haremos referencia, es una narración sobre el tratamiento recibido por un individuo del sexo masculino para ser curado de su homosexualidad; dicho tratamiento fue implementado durante su adolescencia, entre mediados y finales de la década de los setentas. Aunque la narración es corta y hace poca referencia al procedimiento clínico practicado en el paciente — dicha experiencia no es recogida en un texto médico, sino en una entrevista— hemos decidido incluirla, pues nos ayudará a entender la facilidad con que se liga la homosexualidad con una patología en nuestro país, gracias a la construcción sociocultural del género dentro de un marco heteronormativo.

Encontramos el caso de César en el libro Masculinidad e Intimidad: Identidad, Sexualidad y Sida, de Guillermo Núñez Noriega. La obra gira alrededor de lo que significa “ser hombre” en comunidades del estado de Sonora; intenta comprender las dinámicas de la región y su relación con los significados atribuidos a la masculinidad.

César, un sujeto de 44 años y cuyas manifestaciones expresivas son afeminadas, no encaja con el estándar masculino de la región; sin embargo, dicha situación no ha impedido a César alcanzar un estatus de ―respeto‖ e ―importancia‖ en la población de El Edén, Sonora, según describe Núñez en el texto: "César es tan importante en el pueblo y tiene tantas actividades públicas, suele estar rodeado de personas, funcionarios públicos, jóvenes, hombres y mujeres que solicitan su intervención" (Núñez, 2007, p. 228).

En la plática sostenida entre César y el autor, el primero hace referencia a sus infinitas conquistas; se jacta incluso de haber estado con varias generaciones de varones de una misma familia, aunque aclara, eso sí, en momentos diferentes. Todo ello se muestra en el álbum fotográfico de sus "amiguitos", los cuales, sino todos sí la gran mayoría, posan desnudos y sin tapujo alguno.

La desenvoltura de César contrasta con las experiencias relatadas de su niñez y el inicio de su adolescencia, etapa donde se le comenzó a notar el "quiebrecito". Su padre es descrito como machista: "Mi papá empezó a regañarme, a llamarme la atención (...) hay que corregir a este chamaco a tiempo, no nos vaya a salir fresco".12 La corrección es más que necesaria para evitar ―la vergüenza de la familia‖, ―lo que importa son las apariencias‖, ―todo pleito se debe quedar en casa‖; esta situación es señalada como una costumbre en el texto.

El primer correctivo experimentado por César fue descrito por él mismo de la siguiente manera:

Mi papá empezó a llevarme a trabajar con él, a obligarme a hacer cosas rudas, dizque para que me hiciera hombre, puras cosas que no me gustaban, me levantaba de madrugada a trabajar, hasta me empezó a bañar con agua fría tempranito y eso sí me hacía sentir mal, yo siento, eso sí me dolía, me hacía sentir como despreciado, él era muy duro (Núñez, 2007, p. 229).

El método correctivo necesario para erradicar lo "fresco" de César comenzó con lo que su padre entendía como “ser hombre”: la práctica de trabajo duro y rudo, propio del campo, debía ser suficiente para “curar la enfermedad” del muchacho.

12 La palabra "fresco" (de acuerdo a Núñez) es utilizada en la región, señala el autor, como un término despectivo hacia las personas homosexuales o jotos; "una forma de llamarlos para que no se escuche tan feo", según palabras del mismo César.

La asociación del hombre con la dureza y la rispidez, y del homosexual con lo delicado y lo femenino, resulta evidente. No obstante, si nos atenemos al documento consultado, dicho entendimiento no puede ser generalizado y únicamente abarcaría a las comunidades sonorenses estudiadas por Núñez Noriega.

A las preguntas ¿qué es ser hombre?, ¿qué es ser un hombre serio?, los informantes de Núñez responden: ser firme, trabajador, buen padre de familia, responsable; ser buen ciudadano, tener civismo, valor civil; que no le falte nada a la esposa ni a los hijos, donde ella tenga un lugar y se le respete:"Un hombre serio es un hombre que respeta y se da a respetar, da la cara, es buen amigo y saluda a todo mundo (…). Yo así he tratado ser siempre porque así me enseñaron y porque es la manera que tiene un hombre de hacerse valer" (Núñez, 2007, p. 101).

Asimismo, a otras preguntas se respondió de la siguiente manera:

—¿Qué es lo peor que puede hacer un hombre?

—No ser trabajador, ser flojo.

—¿Se acuerda alguna vez cuando se sintió ya un hombre?

—Me sentí ya un hombre cuando mi papá me llevo a trabajar con él, me puso un sombrero y me dijo vamos a la milpa, ahora me vas a empezar a ayudar. (Núñez, 2007, p. 101)

Las cuestiones anteriores fueron planteadas por Núñez Noriega a don José Pedro, un varón de 84 años, habitante de una de las comunidades serranas de Sonora. Dicha concepción contrasta con el papel de la mujer como la responsable del hogar y crianza de los niños, de impartir el afecto tanto privado como público,

actividades que —señala Núñez— no son comunes ni bien vistas por la comunidad cuando los hombres las realizan.

Continuando con la experiencia de César, tras el fracaso del correctivo consistente en la realización de labores rudas que lo ―harían hombrecito‖, el padre

—antes de recurrir los métodos médicos– decidió emplear el método más popular: la violencia. Dicho tratamiento fue aplicado así:

(…) y una vez que me vio así, que no podía con la carrucha y la dejé caer, entonces sí me dijo: "Ya estuvo bueno, a ver si no se te va quitando lo joto, cabrón‖, y me agarró con una reata y me dio en todo el cuerpo hasta que se cansó, luego me metió en agua helada y yo lloraba, y si lloraba más me pegaba.

Luego me empezaron a llevar a Hermosillo, con un médico, fue como a mediados o finales de los setentas, yo no sé quién les recomendaría eso, y pues dizque el problema eran las hormonas, que me hacían falta hormonas masculinas y entonces me empezaron a inyectar hormonas. Muchas veces me inyectaron (…) pero nomás no funcionó. Luego el médico dijo que había unos tratamientos con toques eléctricos (...) Hasta que ya me dejaron de llevar. Esos nunca me los dieron. (Núñez, 2007, p. 229-230)

Conclusiones

Definiciones, métodos, categorías, tratamientos, hipótesis, todo el conjunto de aquello que la medicina estableció y ejerció para “curar la homosexualidad” durante casi tres cuartos del siglo XX, fue avalado por el sistema de salud y los órganos que lo conformaban, reprimiendo así a nuestra sociedad y su sexualidad, no sólo en cuanto a la disidencia sexo-genérica, sino respecto a todo aquello que violara la “ortodoxia y heterodoxia de las alcobas” (Monsiváis, 2010, p. 211).

Evidentemente, el aparato armado desde la institución médica, psicoanalítica, psicológica y psicoterapéutica es más amplio y contiene muchos más pensadores y teorías que los expuestas en estas páginas. Sin embargo, confiamos en que las seleccionadas bastan y conducen a un mismo fin: hacer probatorios los elementos que designan a la homosexualidad como una patología sexual dentro de un contexto temporal especifico.

Es así que concluimos nuestro recuento de “cuando la homosexualidad era considerada una enfermedad” aclarando que la transformación de este episteme se llevo a cabo hasta el año de 1973 cuando la investigación del psiquiatra Robert Spitzer (Universidad de Columbia) y el desarrollo del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (DSM, según sus siglas en inglés), causaron una revolución dentro de las ciencias médico-orgánicas, una revolución comparable con la aparición del psicoanálisis de Freud.

Spitzer determinó que la homosexualidad no podía ser considerada una enfermedad, siempre y cuando las personas "se sintieran cómodas con su sexualidad"; fue así como "el diagnóstico fue reemplazado por “perturbación de la orientación sexual‘, para describir a las personas cuya orientación sexual homosexual o heterosexual, les causaba angustia. 'Un trastorno médico debe estar asociado a angustia subjetiva, sufrimiento o discapacidad de la función social', le dijo Spitzer al Washington Post" (Redacción BBC Mundo, 2015). De esta manera, la enfermedad pasó a ser "el sufrimiento por no aceptarse", dejando atrás la concepción de la homosexualidad como una enfermedad en sí misma.

Se debe mencionar que dicho acontecimiento no podía caer en mejor momento para apoyar la visibilización del movimiento por los derechos sexuales en el mundo, ya que de alguna manera catapulto las demandas de las minorías sexuales enfocándose no en luchar por dejar de ser enfermos sino por ser reconocidos social y políticamente.

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Redacción BBC Mundo. (28 de diciembre de 2015). Muere Robert Spitzer, el psiquiatra que desmintió que la homosexualidad fuera una enfermedad. Recuperado el 12 de febrero de 2017 de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151228_ciencia_muere_robert_spitze r_psiquiatra_homosexualidad_ch

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